|
F81
Trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje
escolar
Son trastornos en los que desde los primeros estadios
del desarrollo están deterioradas las formas normales
del aprendizaje. El deterioro no es únicamente consecuencia
de la falta de oportunidades para aprender, ni es la
consecuencia de traumatismos o enfermedades cerebrales
adquiridos. Por el contrario, los trastornos surgen
de alteraciones de los procesos cognoscitivos, en gran
parte secundarias a algún tipo de disfunción biológica.
Al igual que la mayoría del resto de los trastornos
del desarrollo, estas alteraciones son considerablemente
más frecuentes en varones que en mujeres.
Los
trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje
escolar abarcan grupos de trastornos que se manifiestan
por déficits específicos y significativos del aprendizaje
escolar. Estos déficits del aprendizaje no son la consecuencia
directa de otros trastornos (como un retraso mental,
déficits neurológicos importantes, problemas visuales
o auditivos sin corregir o trastornos emocionales),
aunque pueden estar presentes. Los trastornos específicos
del desarrollo del aprendizaje escolar suelen presentarse
acompañados de otros síndromes (tales como trastornos
de déficit de atención o trastornos específicos del
desarrollo del habla y el lenguaje).
Pautas
para el diagnóstico
Primero, debe haber un deterioro clínicamente significativo
del rendimiento escolar específico, valorado a partir
de la gravedad definida por el nivel de escolaridad
(por ejemplo, por el nivel esperable en menos del tres
por ciento de la población infantil escolar), por la
presencia de antecedentes (es decir si, las dificultades
escolares fueron precedidas en la edad preescolar por
retrasos o desviaciones del desarrollo, del habla o
del lenguaje), por la presencia de problemas concomitantes
(déficits de atención, hipercinesia, problemas emocionales
o trastornos disociales), por formas o conjuntos específicos
de rasgos (es decir, por la presencia de anomalías cualitativas
que no suelen formar parte del desarrollo normal) y
por la respuesta a intervenciones concretas (las dificultades
escolares no remiten rápida y correctamente tras ayuda
extra a la enseñanza en casa o en el colegio).
Segundo,
el déficit debe ser específico en el sentido de que
no sea explicable por un retraso mental o por déficits
menores de la inteligencia general. Debido a que el
CI y el rendimiento escolar no son exactamente paralelos,
esta distinción sólo puede hacerse teniendo en cuenta
los tests de CI y de rendimiento, estandarizados, aplicados
de forma individual, que sean adecuados para la cultura
y el sistema educativo del niño. Estos tests deben ser
empleados junto con tablas estadísticas que faciliten
datos sobre el nivel medio de rendimiento esperado para
un CI a cualquier edad cronológica. Este último requisito
es necesario por la importancia de los efectos de la
regresión estadística, por eso, es muy probable que
los diagnósticos basados en la sustracción de la edad
de rendimiento de la edad mental estén notablemente
sesgados. Sin embargo, es poco probable que, en la práctica
clínica, la mayor parte de las veces se cumplan de hecho
estos requisitos y por lo tanto, la pauta clínica general
es simplemente que el nivel de rendimiento del niño
sea considerablemente más bajo que el esperado para
su edad mental.
Tercero,
el déficit debe ser precoz, en el sentido de que debe
haber estado presente desde el comienzo de la educación
y no haber sido adquirido con posterioridad. La historia
del progreso escolar del niño facilitará datos sobre
este punto.
Cuarto,
deben estar ausentes factores externos que pudieran
justificar suficientemente las dificultades escolares.
Como se indicó más arriba, el diagnóstico de los trastornos
específicos del desarrollo del aprendizaje escolar debe
apoyarse en general en la presencia positiva de un trastorno
del rendimiento escolar clínicamente significativo debido
a factores intrínsecos del desarrollo del niño. Sin
embargo, para aprender con eficacia, los niños deben
tener oportunidades adecuadas. No obstante, si está
claro que el bajo rendimiento escolar se debe directamente
a un absentismo escolar muy prolongado, sin enseñanza
en casa o a una educación totalmente inadecuada, los
trastornos no deben ser codificados aquí. Las ausencias
frecuentes de la escuela o la interrupción de la escolarización
debidas a cambios en la escuela normalmente no son suficientes
para que se presente un retraso escolar del grado necesario
para el diagnóstico de los trastornos específicos del
desarrollo del aprendizaje escolar. Sin embargo, una
escolarización escasa puede complicar o aumentar el
problema.
Por
último, en quinto lugar, los trastornos específicos
del desarrollo del aprendizaje escolar no pueden deberse
directamente a déficits visuales o de audición no corregidos.
F81.0
Trastorno específico de la lectura
Déficit
específico y significativo del desarrollo de la capacidad
de leer que no se explica por el nivel intelectual,
por problemas de agudeza visual o por una escolarización
inadecuada. Pueden estar afectadas la capacidad de comprensión
de lectura, el reconocimiento de palabras leídas, la
capacidad de leer en voz alta y el rendimiento en actividades
que requieren leer. A menudo se presentan dificultades
de ortografía concomitantes con el trastorno específico
de la lectura, que suelen persistir durante la adolescencia,
aun a pesar de que se hayan conseguido progresos positivos.
Los niños con trastornos específicos de la lectura suelen
tener antecedentes de trastornos específicos del desarrollo
del habla y del lenguaje y la evaluación exhaustiva
de cómo se utiliza el lenguaje, pone a menudo de manifiesto
otros problemas más finos. Además del fracaso escolar,
suelen ser complicaciones: las faltas de asistencia
a la escuela y los problemas de adaptación social, en
especial en los últimos años de la escuela elemental
y secundaria. Este trastorno se presenta en todas las
lenguas conocidas, pero no hay certeza de si su frecuencia
se ve afectada o no por el tipo de estructura del lenguaje
y de la escritura.
Pautas
para el diagnóstico
El
rendimiento de lectura del niño debe ser significativamente
inferior al nivel esperado de acuerdo a su edad, su
inteligencia general y su nivel escolar. El mejor modo
de evaluar este rendimiento es la aplicación de forma
individual de tests estandarizados de lectura y de precisión
y comprensión de la lectura. La naturaleza exacta del
problema de lectura depende del nivel esperado de la
misma y del lenguaje y escritura. Sin embargo, en las
fases tempranas del aprendizaje de la escritura alfabética,
pueden presentarse dificultades para recitar el alfabeto,
para hacer rimas simples, para denominar correctamente
las letras y para analizar o categorizar los sonidos
(a pesar de una agudeza auditiva normal). Más tarde
pueden presentarse errores en la lectura oral como por
ejemplo:
a)
Omisiones, sustituciones, distorsiones o adiciones
de palabras o partes de palabras.
b) Lentitud.
c) Falsos arranques, largas vacilaciones o
pérdidas del sitio del texto en el que se estaba leyendo.
d) Inversiones de palabras en frases o de
letras dentro de palabras.
También pueden presentarse déficits de la comprensión
de la lectura, como las siguientes:
e) Incapacidad de recordar lo leído.
f) Incapacidad de extraer conclusiones o inferencias
del. material leído.
g) El recurrir a los conocimientos generales,
más que a la información obtenida de una lectura concreta,
para contestar a preguntas sobre ella.
Es
frecuente que en las etapas finales de la infancia y
en la edad adulta, las dificultades ortográficas sean
más importantes y de la lectura. Es característico que
las dificultades ortográficas impliquen a menudo errores
fonéticos y parece que, tanto los problemas de lectura
como los ortográficos, pueden ser en parte consecuencia
de un deterioro de la capacidad de análisis fonológico.
Incluye:
Retraso específico de la lectura.
"Lectura en espejo".
Dislexia del desarrollo.
Disortografía asociada a trastornos de la lectura.
Excluye:
Alexia y dislexia adquirida (R48.0).
Dificultades adquiridas de lectura secundarias a trastornos
de las emociones (F93.-).
Trastorno de la ortografía no acompañado de dificultades
para la lectura (F81.1).
F81.1
Trastorno específico de la ortografía
Trastorno
cuya característica principal es un déficit específico
y significativo del dominio de la ortografía en ausencia
de antecedentes de un trastorno específico de la lectura
y que no es explicable por un nivel intelectual bajo,
por problemas de agudeza visual o por una escolarización
inadecuada. En este trastorno están afectadas la capacidad
de deletrear en voz alta y de escribir las palabras
correctamente. Los niños que presentan sólo problemas
para la escritura no se incluyen en esta categoría,
pero en algunos casos las dificultades ortográficas
se acompañan de problemas de la escritura. A diferencia
de lo que normalmente se encuentra en los trastornos
específicos de la lectura, las faltas ortográficas tienden
a ser correctas desde un punto de vista fonético.
Pautas
para el diagnóstico
El
dominio que el niño tiene de la ortografía debe ser
significativamente inferior al nivel esperado para su
edad, para su inteligencia general y para su nivel escolar.
El mejor modo de evaluar este trastorno es la aplicación
individual de un test estandarizado de ortografía. La
capacidad de lectura del niño (tanto en lo que respecta
a la exactitud como a la comprensión) deben estar dentro
de los límites normales y no debe haber antecedentes
de dificultades significativas de lectura. Las dificultades
ortográficas no deben ser la consecuencia de una enseñanza
notoriamente inadecuada o de los efectos directos de
déficits funcionales visuales, auditivos o neurológicos
y tampoco deben de serlo de algún trastorno neurológico,
psiquiátrico o de otro tipo adquirido.
Aunque
se sabe que un trastorno "puro" de la ortografía puede
diferenciarse de los trastornos de lectura que acompañan
a las dificultades ortográficas, se sabe poco sobre
sus antecedentes, evolución, trastornos relacionados
y consecuencias.
Incluye:
Retraso específico de la ortografía (sin trastorno de
la lectura).
Excluye:
Dificultades de ortografía atribuibles principalmente
a una enseñanza inadecuada (Z55.8).
Trastorno adquirido de la ortografía (R48.8).
Dificultades de la ortografía asociadas a trastornos
de la lectura (F81.0).
F81.2
Trastorno específico del cálculo
Trastorno
caracterizado por una alteración específica de la capacidad
de aprendizaje de la aritmética, no explicable por un
retraso mental generalizado o por una escolaridad claramente
inadecuada. El trastorno afecta al aprendizaje de los
conocimientos aritméticos básicos de adición, sustracción,
multiplicación y división (más que a los conocimientos
matemáticos más abstractos del álgebra, trigonometría
o geometría).
Pautas
para el diagnóstico
El
dominio del cálculo aritmético está significativamente
por debajo del nivel esperado para su edad, para su
inteligencia general y para su nivel escolar. Este rendimiento
se valora preferentemente mediante la aplicación individual
de test de cálculo aritmético estandarizados. La capacidad
de lecto-escritura y el CI deben estar dentro de la
media normal, evaluados ambos preferentemente mediante
la aplicación individual de tests adecuadamente estandarizados.
Las dificultades para el cálculo aritmético no tienen
que deberse a una enseñanza claramente inadecuada o
a déficits funcionales visuales, auditivos o neurológicos.
Tampoco tienen que ser secuela de trastorno neurológico,
psiquiátrico o de otro tipo adquirido.
Los
problemas para el cálculo aritmético son de diversos
tipos y comprenden: fracaso en la comprensión de los
conceptos básicos de las operaciones aritméticas específicas,
falta de comprensión de términos o signos matemáticos,
no reconocimiento de símbolos numéricos, dificultad
en el manejo de las reglas aritméticas, dificultad en
comprender qué números son adecuados a un problema aritmético
concreto, dificultad para alinear adecuadamente números
o para insertar decimales o símbolos durante los cálculos,
mala organización espacial de los cálculos aritméticos
y falta de capacidad para aprender satisfactoriamente
las tablas de multiplicar.
Incluye:
Trastorno del aprendizaje de la aritmética.
Síndrome del desarrollo de Gerstmann.
Acalculia y discalculia del desarrollo.
Excluye:
Dificultades aritméticas asociadas a trastornos de la
lectura o de la ortografía (F81.1).
Dificultades del cálculo principalmente atribuibles
a una enseñanza inadecuada (Z55.8).
Trastorno adquirido de la capacidad del cálculo (acalculia,
R48.8)
F81
.3 Trastorno mixto del desarrollo del aprendizaje escolar
Están
alterados de un modo significativo tanto el rendimiento
aritmético como el de lectura u ortografía y en la que
la inteligencia general está dentro del rango normal
y no está presente una mala enseñanza escolar. Esta
categoría se utilizará para trastornos que satisfagan
las pautas de F81.2 además de las de F81.0 ó F81.1.
Excluye:
Trastorno específico de la lectura (F81.0).
Trastorno específico de la ortografía (F81.1).
Trastorno específico del cálculo (F81.2)
F81.8
Otros trastornos del desarrollo del aprendizaje escolar
Incluye:
Trastorno del desarrollo de la expresión escrita.
F81.9
Trastorno del desarrollo del aprendizaje escolar sin
especificación
Trastornos
sin especificar en los cuales hay una acusada dificultad
del aprendizaje que no puede atribuirse a retraso mental,
problema de agudeza visual o a una escolaridad inadecuada.
Incluye:
Dificultades de aprendizaje sin especificación.
Alteración del aprendizaje sin especificación.
Trastorno del aprendizaje sin especificación.
|