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LA COMPETENCIA EN
EL DEPORTE
La palabra competencia derivada del latín "competere"
significa "buscar conjuntamente y posee varias acepciones
de acuerdo al contexto en la que sea utilizada.
Se puede competir con uno mismo superando sus propias marcas,
o las de otros deportistas, se puede competir individualmente
o grupalmente agresiva o naturalmente, súbitamente
o progresivamente. Ya sea en un caso o en otro existe en la
competencia un innato impulso a la superación.
El reconocimiento en la competencia bien puede ser individual
como en el caso del autoreconocimiento o grupal y dependerá
entre otros factores de la naturaleza del deporte especifico.
Siempre y cuando la competencia esté conducida por
altos valores morales, beneficia no solo al individuo o grupo
sino a la institución a la que pertenezca y al Deporte
mismo.
DESDE TEMPRANO
El impulso de superación está íntimamente
ligado a la sobrevivencia y a las tendencias de dominio que
posee el hombre. Este impulso se presenta muy tempranamente
en nuestra vida y es posible observarlo con claridad en los
juegos infantiles. En estos, el niño repite en forma
activa aquello que ha vivenciado previamente en forma pasiva.
El juego sirve además como conducta que modela, limita,
y recrea la fantasía del niño.
Profunda será la relación que se puede establecer
entre el juego y el deporte ya que ambos tienen aspectos similares
con el común denominador del placer como afecto primordial.
En estos juegos sera posible hallar factores que hacen a la
competencia, siendo un claro ejemplo el ejercicio de los roles
vinculados a la autoridad, donde el niño aprende a
manejarse con códigos en donde existe el líder,
el que depende el que se mejora, el que compite. Estos juegos
encontramos implícita la satisfacción imaginaria
de necesidades vitales, dando sentido a toda la estructura
personal tanto la física como la psicosocial. Estas
necesidades vitales durarán toda la vida y a "posteriori"
pueden ser satisfecha por las profesiones, el deporte y otras
actividades canalizantes.
En todas estas es posible también la sublimación
de la constitucional y natural agresividad humana, con el
consecuente beneficio secundario.
Una adecuada competencia infantil favorece la evolución
a diferentes, posteriores y más estructurados estadios
que incrementan y facilitan la madurez físico emocional
del niño.
De aquí la importancia del "juego-deporte"
a edades tempranas. El niño (y el adulto) al irse autosuperando
en sus metas y marcas, ya adquiriendo una noción profunda
del perfeccionamiento de sus propios recursos personales.
EL PLACER DE TRIUNFAR
Si bien cuando se gana a un deporte a un oponente, existe
la consecuente cuota de placer, todo indica que es la autosuperación
la que opera con mayor intensidad en el principio psíquico
que regula el placer humano. Imaginemos el indescriptible
placer al alcanzar la cima de una montaña a la que
hubo que conquistar.
Este nivel de autocompetencia le permite al hombre, progresivamente
ir descubriendo el enorme caudal de destrezas que posee y
que por falta de aprendizaje están dormidas en su interiore,
pero, prestas as brindarse a favor de la evolución
personal.
Lo "mejor" es un valor cultural sustancial que actúa
como un estímulo discreto en todo hombre que anhela
una vida digna y placentera. Por esto es que el deportista
intenta nadar "más" y "más"
rápido, saltar "más" alto, meter "más"goles.
Este "más" es una constante ligado a "más"
placer. Es este "más" el que produce mayor
plenitud vital.
Cualquier actividad física sin placer no resulta recreativa
por lo cual las posibilidades de obtener un triunfo consecuente
se hacen cada vez más lejanas.
Como en la vida humana hay que vencer continuamente ciertas
y determinadas resistencias, un triunfo deportivo con su correspondiente
cuota de placer le otorga sentido a los "sacrificios"
del entrenamiento. Sacrificios que por si mismos posee un
valor terapéutico ligado a la estructura misma del
deporte.
Si bien la contracara del triunfo seria la derrota, esta en
el caso de no ser repetida o constante es una fuente importante
de conocimiento y por eso altamente aprovechable para regular
la autoestima y neutralizando fantasías omnipotentes
de "todo lo puedo" vinculadas a trastornos narcicistas
de la personalidad.
En el fondo todo triunfo humano siempre sostendrá la
idea de que la vida puede sobre la muerte. Si bien a cada
uno de nosotros nos depara el mismo destino, la vida se prolonga
en un continuo ir hacia delante.
LA PERFECCION
La perfección no existe nada más que como idea
humana. Es más, es parte fundamental de la estructura
imaginaria hacia la que tendemos por medio del camino de la
autosuperación y que forma una idealización
de "lo mejor". De aquí que la perfección
sostenga en su interior un "plus ultra", un más
que nos convoca a obtenerlo.
El camino que recorramos positivamente será el progreso
de ese proyecto que en el deporte se marca por las metas a
obtener y la perfomance correspondiente.
La perfección así entendida es un motor que
nos impulsa a la competencia con nosotros o con los otros.
Pero bien, cuando hemos logrado un nivel propio de perfomance
puede existir temporalmente la necesidad de descanso. El cuál
si es demasiado largo puede conformarnos perder el estímulo
de mejoramiento. Tradicionalmente esta situación se
manifiesta en el dicho popular "sentarse sobre los laureles".
Será ésta una forma de derrota con múltiples
y negativas consecuencias."Sentarse sobre los laureles"
será la "forma perfecta de la derrota".
Si bien existen deportes perfectos, aunque algunos así
parezcan, ya que ningún deporte por sí solo
tiene la posibilidad de contener a todas las destrezas físicas
en forma simultánea, a menos que se integren varios
como en la figura del "tetratlon"; el deporte muestra
cuan perfectible es esa maquina humana llamada cuerpo que
en cada uno de sus procesos "repite" la organización
del Universo tal como hoy hemos llegado a conocerlo.
COMPETENCIA Y AUTOESTIMA
Numerosos estudios teóricos y observaciones empíricas
han llegado a la conclusión que, el nivel de autoestima
aumenta favorecido por la superación de la propia perfomance.
También, como otras actividades, el hombre en el deporte
puede llegar a demostrar que esta sujeto a reglas y leyes
que son características de lo físico, lo psicológico
y lo social. Tener un cuerpo modelado, fuerte, activo, atractivo,
es un ideal común a hombres y mujeres. Este aspecto
se encuentra incrementado por valores culturales y la moda,
siendo ésta última una especie de tiranía
a la que hay que obedecer poder actuar dentro de ciertos y
determinados núcleos.
Si uno posee este tipo de cuerpo impuesto por la sociedad,
se siente aceptado e integrado ala misma. En el caso en que
la persona no se corresponda con los patrones imperantes en
esa cultura y si esta muy pendiente del reconocimiento de
los otros, es posible que se produzcan en ella, sentimientos
de exclusión, de marginación o de inferioridad.
Es casualmente este último sentimiento el que da lugar
a una estructura personal deficitaria.
Acorde con la ayuda que se le brinde a esa persona se obtendrá
modificaciones positivas. Este tipo de ayuda bien puede proceder
de tratamientos terapéuticos como desde el mismo campo
de la actividad deportiva o bien de una integrada combinación
de ambos.
Este tipo de personas tienen tanto a autocriticarse como a
censurar a los otros, posee un bajo umbral de resistencia
a las frustraciones o fracasos, se aíslan y reaccionan
en forma exagerada a cualquier indicación que se les
haga, son poco competitivos, en general rechazan la integración
grupal, y estar al lado de ellos nos obliga a protegerlos.
Generalmente las personas que poseen sentimientos o complejos
de ser inferiores, compiten pero desde un ángulo negativo.
Se autoexcluyen y al no integrarse de hecho y aún sin
desearlo concientemente sabotean tanto al equipo al que pertenecen
como a la misma actividad. Pueden llegar a ser, dependiendo
de la estructura del grupo una especie de carga que los miembros
del equipo soportan durante un tiempo, pero que en definitiva
expulsarán del mismo.
Aquel tipo de personas con conflictos de inferioridad que
practican algún deporte pueden, no obstante llegar
a canalizar en el mismo la agresividad que este complejo siempre
produce ya como autoagresión o agresión dirigida
hacia otros. El deporte sirve así, entre sus otros
beneficios, como una válvula de escape a la presión
fisico-psíquica que, inclusive naturalmente acumulamos
en la vida diaria.
No necesariamente la agresión es dañina ya que
la misma en forma coordinada sirve para la defensa personal
y es un positivo sustrato para actividades que precisan de
una cierta cuota de agresión. Pero cuando la agresión
no es derivada correctamente produce deterioros profundos
en la estructura personal.
En aquellas personas con una acentuada disminución
de la autoestima, además de la necesaria ayuda específicamente
terapéutica, la práctica de algún deporte
accesible, le proveerá de un cierto autoreconocimiento
o un reconocimiento por parte de los otros que favorecerían
la adquisición del bienestar necesario para cada ser
humano. El deporte en mismo, puede hacer que una persona logre
prestigio, se la valorice, se la acepte y reconozca.
Salvo raras excepciones a un deportista verdadero se le conocen
desviaciones psicológicas profundas, pero ante determinadas
situaciones que superen su estructura pueden llegar a generársele
conflictos que alteren el normal crecimiento profesional.
Por algún motivo razonable siempre se ha elogiado el
papel terapéutico de la actividad deportiva.
En todos aquellos casos que el entrenador haya percibido algún
conflicto de inferioridad en el atleta que haya disminuido
su autoestima e incrementado negativamente sus aspectos competitivos,
no solo podrá ayudarlo derivándolo al profesional
especializado sino que sería conveniente le pautara
metas posibles, reales y susceptibles de ser logradas con
el objeto de no introducir en la vida de ese deportista, otros
niveles que le incrementen su angustia al no poder obtener
el éxito esperado acorde con los objetivos propuestos.
En este aspecto la relación entrenador atleta debe
ser sutil y delicada y a medida que el atleta va venciendo
ciertas inhibiciones se podrá ir incrementando su nivel
de aspiraciones en vistas al logro de un mejor rendimiento.
Esta progresión paulatina va mejorando la "perfomance"
deportiva y asegurando una mejor calidad de vida personal.
En las personalidades con complejo de inferioridad se pueden
encontrar los siguientes procesos:
En las personalidades con complejo de inferioridad se pueden
encontrar los siguientes puntos que conforman un desarrollo
progresivo dentro de un proceso de naturaleza inconsciente:
* origen del conflicto
" estructuración y permanencia del mismo
" emergencia del complejo frente a determinadas situaciones
que pueden asimilarse a la que lo origino
" defensas estructurales frente al complejo
" frustración por la imposibilidad de acceder
a lo deseado
" agresión como afecto derivado de la frustración
" depositación de la agresión sobre la
misma persona
" proyección de la agresión sobre otros
encontrándose siempre un "chivo emisario"
"
Y que sucede cuando el equipo o el atleta pierde? El mismo
público (por identificación masiva) puede sentirse
un perdedor y volcar el enojo contra el entrenador (un chivo
emisario siempre a mano) o bien sobre el equipo.
También este público por medio de las, a veces
más extravagantes racionalizaciones se defiende de
la derrota.. La cosa es, no sentirse un perdedor, no sentirse
inferior.
En toda la historia de los deportes, glorificar al que gana
y rechazar, castigar al que pierde es un lugar común.
Estos datos permiten inferir que si bien existen la razón
y los deportes racionales, la emoción es la que juega
un papel tan primordial como fundamental.
PERSONALIDAD COMPETITIVA
Cuando hablamos de personalidad competitiva deberíamos
definir cuál es al concepto de personalidad al que
nos referiremos. Entendemos a la personalidad como aquello
singular del hombre que emerge desde su individualidad en
relación directa con el medio ambiente con el interactúa
activamente.
Desde siempre el hombre estuvo involucrado con otros semejantes,
lo hace innatamente un ser social. Muchos son los intentos
de abarcar con un solo término la multiplicidad de
factores que hacen al criterio de personalidad. Entre ellos
encontramos una histórica
Diferenciación entre temperamento y carácter.
El primero lo será para lo fijo, corporal, heredado,
mientras que el segundo está reservado para lo exclusivamente
psicológico.
A su vez el temperamento es subdividido en cuatro grandes
grupos: el sanguíneo (afectivo, alegre, excitado),
el colérico (irascible, de " pocas pulgas"),
el flemático (apático, poco comunicativo, tranquilo,
aislado) y el melancólico (depresivo, abatido), formas
personales que pueden temporalmente ser modificadas por él
"estado de ánimo".
Podríamos pensar que, si el deporte como hemos señalado
anteriormente, es un propiciador de placer, los mejores deportistas
los podríamos encontrar entre los sanguíneos,
pero no podemos dejar de advertir que no todos los deportes
reúnen las mismas características y que hay
deportes que por su estructura pueden ser practicados por
personas que necesariamente deban ser "sanguíneas".
Además cada persona tiene una vivencia del placer diferente,
una forma diferente de vivir lo placentero. Por otro lado
hay deportes, los racionales por ejemplo, en los que el placer
se encuentra relacionado con el "movimiento intelectual"y
no inevitablemente con el movimiento corporal.
La edad, el nivel socio económico, la cultura, la posibilidad
del tiempo de ocio, son también factores co-determinantes
en la elección y la práctica de los deportes.
Hay ciertos deportes cuya cuota de placer está en lo
social que se puede encontrar en ellos, o bien están
aquellos deportes que son utilizados como forma de negociación
tanto económica como profesional.
Tampoco puede tan ligeramente decirse que si la persona es
extrovertida será más competitiva ya que existen
deportes en los que la introversión necesaria para
la atención y la concentración, el golf por
ejemplo, es un factor predominante para lograr que la actividad
sea exitosa. Estos dos tipos de personalidad, la extrovertida
y la introvertida se presentan en forma pura y existe la posibilidad
de que varíen y o se complemente.
De cualquier modo, acorde con la estructura de personalidad
se eligirán unos y no otros deportes y el nivel de
competitividad estará determinado por aspectos íntimos
de esta estructura y los factores externos que la estimulen
positivamente.
DESDE NIÑOS
Desde La más tierna infancia se modelan este tipo
de temperamentos y caracteres, altamente determinados por
el núcleo familiar y las primeras instituciones (escuela,
iglesia) a las que accede el niño. Pero también
en el club, el deporte operará como un modificador,
contenedor y canalizador del temperamento y carácter
infantil.
Los niños al competir tanto desde los juegos como desde
los deportes adecuados a sus posibilidades, van paulatinamente
desarrollando habilidades físicas y psicológicas
con las que a posteriori podría manejarse con mayor
facilidad y éxito en la vida adulta. Al respecto faltarían
estudios que confirmasen o no la presente hipótesis.
Pero, hoy ya nadie niega la fundamental importancia del deporte
como recreación y como formador de conductas positivas.
El hecho que el niño prefiera juegos individuales o
grupales nos permitiría suponer que a posteriori se
dedicaría a la práctica de deportes de similares
características, aunque ésta es una hipótesis
que merecería ser corroborada. De hecho el favorecer
en el niño el juego-deporte grupales podría
incidir en el proceso de socialización y de democratización.
Todas aquellas personas que realizan actividades deportivas
grupales, aprenden a manejar más hábilmente
sus capacidades competitivas. Al mismo tiempo, en un equipo
no se tendrán en cuenta las diferencias religiosas,
sociales, raciales, económicas. Cuando el equipo compite
estas diferencias tienden a neutralizarse en pos del objetivo
común, el éxito del grupo.
La tolerancia, la comprensión, el espíritu de
cuerpo encontrados en los equipos deportivos, modifican la
estructura individual de cada jugador permitiéndole
canalizar sus aspectos negativos dentro de un marco competitivo
integral e integrante.
Siempre un equipo será más atrayente para las
grandes masas. En los deportes en los que actúa más
de una persona es más fácil identificarse y
ser uno de los que juegan. En estos equipos el niño
no solo aprenderán reglas que regulan su personalidad
individual sino que lo integra a un grupo que puede obtener
con más facilidad el reconocimiento del público,
entre quienes se encontrará el padre y familiares así
como profesores y amigos, lo cuál aumenta en forma
consecuente su autoestima.
Si la actividad deportiva favorece el desarrollo del niño
por consecuencia directa favorecerá la misma estructura
familiar y cuando más significativa serán entonces
aquel deporte practicado por toda la familia. Le brecha generaciones
será atenuada y jerarquizado mucho más el factor
integración que el factor etario.
PORQUE COMPETIMOS
Competir es un verbo que se asocia con muchos otros, sobre
vivir, jugar, sentir placer, obtener poder, reconocer, reconocerse,
descargar agresividad, canalizar déficit personales,
crecer, etc. Pero, dependerá de la forma positiva o
no en que compitamos que la competencia beneficiará
nuestra vida. Como la competencia es una actividad integral,
todo el sistema personal está en juego. No solo los
"músculos" y "órganos" se
benefician, sino que la psicología del hombre que compite
también lo percibe, porque la competencia también
es superación, valentía, sueño, fantasía.
Son tantos los verbos que acompañan a competir que
podríamos arriesgarnos a decir que la misma vida es
competencia, pero una competencia con valores, reglas, tradiciones
y modelos de conducta que le hacen desarrollar al ser humano,
un profundo sentido de dignidad y equilibrio.
Durante el tiempo de la competencia existe una acentuada tensión
que en las personas podría ser vivenciada como una
molestia o como un incentivo.
Esa pérdida momentánea del equilibrio referido
anteriormente, obligará a intentar recuperarlo por
lo cuál esa tensión serviría de soporte
y de sentido.
Será en aquella categoría de juegos llamados
"agon" donde, según Roger Caillois (1969)
se encontraría la disputa, la lucha, la competencia,
el deseo de vencer y de reconocimiento de la victoria. Por
supuesto habrá los deportes en los que la competencia
es menor o casi inexistente, pero aún cuando invisible,
el hombre compite contra aquellas "fuerzas extrañas"
como ser el viento, la velocidad, la altura, el vértigo,
las que aún siendo "contrincantes irreales",
se comportan con toda la fiereza de sus potencias. Este autor
escribe otro tipo de juegos como ser los "alea",
juegos de azar, donde el destino, el azar, es el oponente.
Otra categoría es la de la mímica, el disfraz,
el drama, la imitación y por ultimo la denominada "ilinx"
(del griego: remolino), dentro de la que están el esquí,
el patinaje y los deportes de velocidad.
En todos estos deportes, el hombre se prueba una y otra vez.
Su deseo será ganar o ganarse, sirviendo la victoria
para autoevaluar sus condiciones física, el aprendizaje
realizado, su nivel de esfuerzo y la perfomance obtenida.
Cuando se estudia profundamente la naturaleza humana, se podrá
observar que existe en todos los hombres, en algunos más
en otros menos, una necesidad constante de saber, de comprender
aquello que se le presenta diferente, arriesgado y por tal
atrayente. Ese "algo" le propondrá un desafío,
el que generará respuestas creativas tanto en variedad
como en contenido. Es aquí donde encontraremos que,
ante un mismo deporte emergen diferentes estilos los que están
en arreglo a sus personalidades, habilidades, adiestramiento
realizado y posibilidades exógenas. De todos modos
ya sea solo o en equipo, con experiencia o sin ella, riguroso
o suelto, alto o bajo, blanco o negro, el hombre compite consigo
mismo porque es innato en él, el impulso a vivir.
OBSERVANDO LA COMPETENCIA
Los niveles de maduración en los logros de determinadas
metas, no son siempre objetivamente mensurables, aunque sí
subjetivamente evaluables. Existen en muchas oportunidades,
progresos que se detienen como quien ha llegado a un mojón
y descanso puede detener el acceso a un nivel más elevado,
sobre todo cuando un atleta ha conseguido un nivel de perfomance
con un estilo de juego estabilizado y lo cambia por otro con
el objeto de aumentar su campo de acción o por mera
creatividad. Estos cambios pueden disminuir el rendimiento
de los atletas, hasta que se instaure en los mismo tanto física
como intelectual y vivencialmente las correspondientes representaciones.
El éxito sobrevendrá inmediatamente se hayan
integrado el estadio anterior al nuevo modelo. La seguridad
así obtenida será un factor observable objetivamente
ya que se impondrá su sello característico.
El público podrá decir, este atleta es competente
porque aún cambiando su estilo sigue siendo "bueno".
Este seria un claro modelo de autocompetencia. Aquí
se ha jugado el nivel de aspiración del atleta dentro
de un campo disciplinado y acorde con las experiencias anteriores
acumuladas del atleta. Es el quien con ayuda de su entrenador
podrá ir colocándose niveles cada vez más
altos para obtener un mayor y mejor desarrollo de sus propias
posibilidades.
Este nivel de aspiración bien puede ser propio o de
su entrenador, pero bien puede ser estimulado por sus compañeros
por las recompensas ofrecidas tanto en desarrollo profesional
como monetarias, o por la filosofía de la institución
a la que pertenece. De cualquier modo, su nivel de aspiración
estará vinculado profundamente a la idealización
que posea de su personal y al futuro al que anhela acceder.
En todos estos aspectos se juega la profunda motivación
que posee el ser humano para superar todo aquello que forma
obstáculo a su evolución.
CAOS O COSMOS
Anteriormente hemos mencionado que el deportista regulará
su actividad dentro de un campo disciplinado. Merece añadirse
a esta situación el hecho innegable de que todos los
hombres anhelamos un ordenamiento frente a ciertas situaciones
caóticas con las que se presenta la realidad. Este
ordenamiento no solo constituye una forma de delicado equilibrio
entre el hombre y la naturaleza observable en el objeto de
todas las doctrinas intelectuales sino en la misma estructura
del deporte.
El deporte ordena, establece jerarquías funcionales,
canaliza conductas, forma caracteres, es terapéutico.
En todos estos lugares se juega en sus múltiples aspectos
la estructura de la persona en sus múltiples aspectos.
Entre ellos su moral, su honradez, su honestidad. Estos valores
y la necesidad de triunfar dentro de un nivel de competencia
adecuado a la actividad y a sus posibilidades generales, se
manifiestan dentro de un campo de disciplina.
Esta disciplina es la que se entiende como un recurso que
servirá de orientación y de guía en el
proceso de aprendizaje de toda actividad deportiva. Cada persona
entenderá la disciplina acorde con su experiencia y
anhelos de proyección. Es esto lo que le permitirá
no solo regular su propia conducta sino su adecuación
a la conducta grupal.
Es innegable que una modalidad deportiva exitosa con un alto
nivel en su perfomance, precisará de normas precisas
y claras que regulen su actividad. El atleta podrá
tener mayor seguridad si es guiado por un entrenador que a
su vez es una persona disciplinada y lo muestra con su ejemplo.
Este aspecto es mucho más notorio en los casos en que
se traten con niños o jóvenes, los que necesariamente
precisan de otro modelo o patrón con el que identificarse,
más allá del área familiar, donde genéricamente
el que propondrá modelos de conductas ordenadas serán
los padres o familiares cercanos.
El sostenimiento ("holding") de la disciplina es
notorio en todas aquellas actividades en las que se obtienen
triunfos constantes. Por otro lado la disciplina deportiva
con sus particularidades, benéficas tanto al individuo,
como al grupo, así también como a la actividad
deportiva y a la institución a la que esté y
o su equipo pertenezcan.
La disciplina tanto corporal manifestada en la práctica
ordenada y sistemática de un deporte como en la intelectual
permitirá evaluar con mayor claridad la perfomance
obtenida.
Pero al respecto merece destacarse que es disciplina no carece
de la necesaria estimulación placentera para el deporte
ya que posee en el conjunto de normas y reglas que la conforman,
una inmediata sensación no solo de gozo corporal sino
de aquello que tiene que ver con el "deber cumplido".
Todo en la naturaleza, aún cuando se nos presente superficialmente
desordenado, sigue un plan determinado que le permite su supervivencia,
su desarrollo, su crecimiento y su trascendencia. Si bien
aún bajo formas exuberantes y algunas de ellas, "caóticas",
la naturaleza brinda su impronta a la mirada de los hombres,
el proyecto que la sustenta está sujeto a normas que
le son imprescindibles. Aún más allá
de los seres que conforman el hecho natural, todos ellos están
regulados en los denominados ecosistemas. Seré el atleta
el que con una actividad disciplinada, ordenada metódicamente
y acorde con los patrones imperantes para su actividad, conformará
un estilo de ecosistema deportivo en el que entrarán
su persona, su entrenador, su grupo, el público, la
institución. Y será en el mejor de los casos
que este ecosistema mantenga su equilibrio por medio de una
disciplina plástica y creativa.
La misma historia humana, muestra que periódicamente
se pierden los logros obtenidos en base al esfuerzo realizado
por todos aquellos seres que proponen a la prolongación
de la vida en nuestro planeta. Es entonces cuando se hace
necesario un nuevo reordenamiento de las normas que regulan
la conducta humana y en el que la disciplina como un recurso
creativo permite la superación del caos.
Sí analizamos detenidamente a todos los deportes, no
solo observaremos que ninguno de ellos posee una forma caótica
sino que por lo contrario, son ordenados siguiendo una estética
que hacen a su estructura y consistencia y que cuando una
persona los practica puede identificarse son estos patrones
enriqueciendo su vida en forma criteriosa y placentera. Por
este entre otros muchos motivos, es que estamos convencidos
que el deporte guarda en su interior un poderoso núcleo
de creatividad que estimula el progreso ordenado del hombre
desde lo más intimo y singular de su estructura.
Jorge G.Garzarelli - ph.D:
Universidad del Salvador
2002
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