Los
ejercicios siguientes nos introducen en el arte del tacto
erótico a la vez que restituyen a éste su adecuada
categoría dentro de nuestra vida sensual y emocional.
Muchos de nosotros nos hemos visto privados en la infancia
del bienestar que produce sentirse acariciado, estrechado,
abrazado. Puesto que el abrazo se suele considerar más
como un preludio del acto amoroso que como un acto de ternura
en sí mismo, existe la tendencia -sobre todo en las
mujeres- a entablar una relación sexual cuando en realidad
lo que se desea es ser abrazado y acariciado.
Ejercicio I
LAS PLUMAS Preliminares
Una vez preparados con los rituales previos, sentiremos
la emoción .de encontrarnos con nuestra pareja. Reservaremos
unos noventa minutos pata los ejercicios de las plumas, las
caricias con las yemas de los dedos, deslizamiento y resbalamiento,
que se suceden uno al otro de una forma natural. También
es posible que deseemos practicarlo durante un período
de tiempo más largo.
Necesitaremos unas plumas largas, delicadas -las mejores
son las de pavo real- que nos permitan experimentar la calidad
del tacto y ser acariciados con suma delicadeza. Esto constituirá
un antídoto contra el tacto brusco y poco sensible
de la vida ajetreada.
Nos hará falta, asimismo, un buen aceite de oliva
o, si se prefiere, otro tipo aceite de masaje espeso.
Pondremos música suave, sensual.
Decidiremos de antemano quién será el partenaire
activo y quién el receptivo. El A será el activo
y el B el receptivo. El activo deberá ir vestido con
ropa ligera, el receptivo, desnudo. Procuraremos que la habitación
esté suficientemente caldeada.
El hombre entrará en el entorno sagrado primero,
concentrado en el Siva que lleva dentro, su gracia interior.
Pondrá música acogedora y se sentad en postura
de contemplación reposada esperando a la amante.
La mujer se centrará en la Sakti que lleva dentro,
su gracia interior, y entrará en el entorno sagrado
cuando oiga la música que el amante ha puesto.
Nos miraremos el uno al otro con renovado aprecio. Ha llegado
el momento de olvidar los recelos mutuos, desechar las preocupaciones
pasadas Y futuras, y afirmar una tregua absoluta en homenaje
a nuestros cuerpos.
Es preciso recordar las tres claves -respiración profunda,
movimiento y expresión- a lo largo de todo un ejercicio.
Comenzaremos con una salutación sincera seguida de
un abrazo de fusión.
El partenaire A ayuda a tumbarse al B con gran delicadeza.
El partenaire B cierta los ojos.
El partenaire A comienza a acariciar lentamente cada parte
del cuerpo de B con la pluma; empezará alrededor de
los hombros y cuello y descenderá suavemente, de forma
sensual, a lo largo del cuerpo, para finalizar con la cabeza.
El partenaire A no debe olvidar la respiración profunda
al acariciar y rozar con la pluma, transmitiendo de forma
consciente la energía de su corazón -los cuidados,
el aprecio, el amor-para que fluya a través del brazo
hasta el tacto de la pluma. Las caricias deben rozar solamente
la superficie de la piel del partenaire B. Cuanto más
sutil sea el roce, mayor será la carga de energía,
la emoción.
El partenaire B expresa sus sensaciones por medio de suspiros
y sonidos que reflejan lo que su cuerpo está viviendo.
Mueve lenta y sensualmente el cuerpo, apreciando la caricia,
girándose de forma que la pluma le llegue a todas las
partes del cuerpo.
Al terminar, cambiaremos los papeles. El juego de la pluma
puede convertirse en una delicia que produce escalofríos
en la piel y en el espíritu. Este roce por todo el
cuerpo produce, inevitablemente, la sonrisa y la risa de ambos.
Puede acentuarse el efecto lúdico rozando zonas inesperadas
y muy sensibles -los lóbulos de las orejas, la parte
interior de los codos, las muñecas, las manos, los
tobillos, la parte interior de los muslos-, rompiendo la secuencia
de forma inesperada.
Ejercicio
II CARICIAS CON LAS YEMAS DE LOS DEDOS
Todo el cuerpo puede ser erógeno, y ello es especialmente
cierto por lo que se refiere a las yemas de los dedos. En
acupuntura, los meridianos que transmiten energía en
todo el cuerpo acaban en las yemas de los dedos, por ello
son capaces de difundir energía de otras partes del
cuerpo de forma precisa.
El partenaire A se frota enérgicamente las palmas
de las manos para crear calor y energía. Con la yema
del dedo, a modo de pluma de pavo real, rozará suavemente
todo el cuerpo de B. El roce será muy sutil, prácticamente
sin tocar la piel.
Si le apetece, dibujará pequeños círculos
y trazos en la superficie de la piel. Esto puede generar una
energía palpable que el receptor notará como
una efervescencia en la piel. Si el partenaire B no siente
nada, el otro intentará unas caricias más largas
y profundas, seguidas por otras suaves y, finalmente, volverá
al roce con la yema del dedo.
La yema del dedo danzará al ritmo de la respuesta
del amante y, poco a poco, el cuerpo del partenaire B irá
adquiriendo fulgor con el hormigueo de la excitación.
Tocaremos todas las partes eróticas del cuerpo, las
corrientes y las inusuales: detrás de las orejas, los
párpados, encima y debajo de los ojos, los labios,
el interior de los codos, las muñecas, las palmas de
las manos, alrededor y encima de los pezones, el ombligo,
la zona púbica, el interior de los muslos, detrás
de las rodillas, la parte interior de los tobillos, debajo
de los pies, y otras partes especiales que iremos descubriendo
poco a poco.
Cuando hayamos colmado el cuerpo de caricias, nos situaremos
de pie sobre el amante, con una pierna a cada lado de la cintura,
mirándole a la cara; nos inclinaremos hacia abajo y
con ambas manos le frotaremos vigorosamente el cuerpo partiendo
del ombligo, hacia el pecho, los hombros y brazos, con un
movimiento uniforme y fluido, inspirando y espirando al hacerlo.
Repetiremos el movimiento tres o cuatro veces a fin de interconectar
todas las zonas de la parte superior del cuerpo. Daremos un
par de pasos hacia atrás. Nos situaremos con las piernas
abiertas a la altura de las piernas del amante y realizaremos
los mismos movimientos de frotación, empezando por
el ombligo y descendiendo hacia la pelvis, los muslos, piernas
y pies.
Dejaremos descansar unos minutos a B y luego acabaremos el
ejercicio con un abrazo de fusión.
Nos sentaremos frente a frente. El partenaire B explicará
al A en qué momentos ha disfrutado más de sus
caricias con las yemas de los dedos. Al finalizar la conversación
cambiaremos los papeles.
Al hacer el amor, a menudo la gente no expresa todos sus
deseos, sobre todo por lo que se refiere a las partes del
cuerpo que desea que le acaricien, por ello es importante
aprovechar la conversación en este ejercicio como oportunidad
para explicar al amante lo que a uno le gusta.
En las caricias con las yemas de los dedos, el partenaire
activo debe estar alerta para no perderse en el otro, olvidando
sus propias sensaciones corporales, ya que esto le cansaría.
Al acariciar, no hay que olvidar la respiración profunda
y mantenerse en una postura cómoda para no agotar la
energía.
Si
alguno de los cuadros le resulta familiar, recuerde que hoy cualquiera de
estos problemas son tratables, que el sufrimiento y la incapacidad que conllevan
pueden ser evitado. Busque y recurra por ayuda, en ningún caso quédese aislado.
¿Qué puede hacer?
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