Ansiedad por disrupción
Benyakar M.; Collazo C.; De Rosa
E. 2/2002
Resumen
"Pas besoin de gril:
l´enfer c´est les autres." [1] J.P. Sartre Huis Clos
Cuando esta frase es forjada-1944-, su autor expresa el desconcierto,
el miedo, la desconfianza y una suma de estados psicológicos
diversos, propios del momento y lugar históricos. Había sido
discípulo de Heidegger, Europa se encontraba en guerra, y
su maestro era tomado como teórico por quienes invadían su
patria. El presente, los demás, uno mismo [2], el medio eran
peligrosos, o incierto así como el futuro, en el cual no había
posibilidades de proyección. Lo que antes era reasegurador,
inclusive el conocimiento recibido, no proporcionaba sostén.
[1] No hay necesidad de parrilla, el infierno son los demás
J.P. Sartre Huis Clos
[2] « Le bourreau est chacun de nous pour les deux autres
». El verdugo es cada uno de nosotros para los otros dos..Ibidem
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Introducción
La nueva situación
histórico-social imperante a nivel mundial, posiciona
a la psiquiatría nuevamente ante el reto de enfrentarse
a las patologías que emergen, o son consecuencia de
la implosión del mundo externo en el interno. La irrupción
del entorno en el psiquismo humano ha sido el motor
que llevó a diversos investigadores a desarrollar sus
teorías sobre el psiquismo, pero no siempre fueron abordadas
en su profundidad.
La tendencia al determinismo intrapsíquico, ya sea por
causas genéticas, neurofisiológicas, o productos del
inconsciente es sobre lo que más se ha teorizado e investigado
en el área de salud mental hasta el momento.
El impacto en le psiquismo de los desastres naturales,
guerras, terrorismo, violencia urbana, etc., ha sido
un reto permanente conceptualizado de diferentes formas.
Sabido es que en la historia, la irrupción del mundo
externo en el interno llevó a la postulación de diferentes
cuadros clínicos con el uso de terminologías distintas,
entre ellas: Nostalgia, Corazón de Soldado; Shell Shock;
Battle Fatigue; Neurosis de Compensación; Neurosis traumática;
Reacción de Combate; etc.
A partir de la postulación del DSM III en adelante con
el concepto de PTSD se pretendió formular un síndrome
que daba cuenta de la implosión repentina del mundo
externo en el psiquismo.
En base a nuestras investigaciones en las cinco guerras
que participamos en Israel más la experiencia de la
guerra de Malvinas-Falkland, Terrorismo de Estado y
diferentes atentados terroristas en la Argentina, en
publicaciones anteriores, ya hemos postulado que si
bien el concepto de PTSD permite aislar el fenómeno
mencionado, no posibilita diferenciar clínicamente lo
que nosotros entendemos como estrés y como trauma psíquico
[3].
Esta falta de diferenciación no posibilita el adecuado
abordaje farmacológico ni psicoterapéutico. Por tal
motivo en trabajos anteriores hemos propuesto reconceptualizar
el cuadro [4].
Estas observaciones respecto al PTSD, hechas en los
últimos años, se reactualizaron y condensaron en y por
los eventos acaecidos el 11 de Septiembre del 2001 en
los EEUU, considerado como el mayor atentado terrorista
de la historia
Es este contexto histórico y social es dable observar
la aparición de nuevas formas de expresión del sufrimiento
psíquico humano. Esto nos lleva a un replanteo de la
nosología tal como la aceptamos hoy en día.
Estas nuevas formas no deben ser asumidas como entidades
nosológicas inmutables, sino como estructuras clínicas
dinámicas en permanente transformación, y quizás esto
sea una de sus características.
La implosión del mundo externo en el interno nos enfrenta
con una nueva entidad nosológica, resultante de transformaciones
radicales en las condiciones del nicho ecológico humano.
Estos cambios desencadenan respuestas adaptativas de
alarma ya conocidas, que dadas las características de
la situación alarmógena, se organizan en una dinámica
peculiar.
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Objetivo
El objeto de esta
presentación es reportar observaciones clínicas que
hemos realizado en diferentes oportunidades y contextos,
las que presentan, según nuestra concepción, una constelación
cualitativamente diferente a la de otros cuadros encontrados
en la literatura.
Detectamos un cuadro al que llamamos "ansiedad por
disrupción" (SAD: Síndrome de Ansiedad por Disrupción)
el cual es producto de la distorsión drástica del entorno
humano. Dicha distorsión provoca una notable disfunción
personal y un sufrimiento psíquico con una sintomatología
concomitante.
La necesidad de diferenciar clínicamente esta nueva
entidad dinámica posibilitará el desarrollo de diferentes
abordajes clínicos, tanto en la metodología diagnóstica
como en las modalidades farmacológicas y psicoterapéuticas.
Esto nos permitirá no reducir toda respuesta psicopatológica
a la implosión del mundo externo en el interno, al cuadro
del así llamado ‘PTSD’.
Nuestras observaciones sistemáticas fueron realizadas,
en los últimos años en Argentina e Israel, en la población
adulta (30-65 años) sin mayor diferencia entre los sexos,
aunque por comunicación de colegas, esto es extrapolable
a otras sociedades.
Posteriormente al evento del 11 de septiembre del 2001
en los Estados Unidos, hemos recibido información de
cuadros similares en esa sociedad, por la amenaza difusa
de peligros no delimitados, guerra bacteriológica, química,
nuevos atentados, etc.
Los modelos de entorno característicos que inducen a
este cuadro son: drásticos cambios sociales, culturales
y/o económicos, la acción del terrorismo y amenazas
de irrupción de desastres de origen humano y/o, naturales
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Definición:
La esencia y lo específico del cuadro de "Ansiedad por
disrupción" (SAD) lo constituye la dinámica del mismo
y no sus síntomas. Dicha dinámica resulta de la interacción
de dos factores:
a) un conjunto de cambios cualitativos en el entorno
que lo vuelven amenazante, coartando sus cualidades
de estabilidad, sostén, y contención.
b) la peculiar reacción de alarma de la persona ante
dichos cambios del medio.
Características de los cambios en el entorno
El evento disruptivo es un cambio en el ambiente que
lo transforma en amenazante. La amenaza del entorno
se caracteriza por ser difusa, de origen humano, anómica,
dependiente de estructuras suprapersonales difícilmente
objetivables (mercado, terrorismo, política etc.). Por
ende no pueden ser abordadas por la persona en forma
individual. La amenaza es constante y sostenida en el
tiempo, con episodios de acentuación periódica. Pasa
a ser parte integral de la cotidianeidad, no puede ser
asumida como ajena o externa, imposibilitando así al
individuo ubicarse como exento. En esto tiene una gran
influencia la globalización y los medios modernos de
difusión mediática. Afecta a un gran número, sino a
la mayoría de la población en cuestión.
Respuestas de la persona ante lo alarmante - aterrorizante
Las patologías psiquiatricas convenciales, en su generalidad,
se caracterizan por la disfunción o incapacidad del
psiquismo de procesar.
A diferencia de estas en el SAD el individuo no puede
desarrollar estrategias adecuadas, no por incapacidad
psíquica, sino por lo difuso de la amenaza. Estas situaciones
provocan en la persona sensaciones de Desamparo, Desesperanza
e Impotencia. Desconfianza, Sospecha, Desvalorización
de la solidaridad, son otras de sus características.
La soledad e incertidumbre personal se potencia con
la incertidumbre colectiva. Sensación de derrumbe de
las creencias (Ortega), las certezas, las seguridades,
las reglas de juego. La distorsión de los valores éticos
producto del quiebre del mundo moral y organizado, alimenta
la sensación de complicidad injustificada, acrecentando
la culpa difusa. El bloqueo del reto del futuro coarta
el despliegue del proyecto.
La pérdida de la sensación de pertenencia a un mundo
organizado y moral acrecienta la perdida de confianza
en las instituciones básicas.
Hay una tendencia a la búsqueda de la certeza absoluta
como reacción a la incertidumbre permanente, exacerbada
y difusa.
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Sintomatología
Se trata de personas que presentan algunos de los elementos
clínicos comunes a la ansiedad generalizada, a las de
un cuadro ansio-depresivo, depresión, estrés agudo,
estrés postraumático, sin cumplir con los criterios
para establecer diagnóstico de alguno de ellos, según
las normas internacionales en vigencia.
Eventualmente se encuentran englobados en la exclusión
de otro diagnóstico, en los Trastornos por ansiedad
no especificados (TANE). Estos pacientes tampoco tendrían
patología previa diagnosticada.
A nivel clínico el cuadro es la expresión del miedo
sin ser este calificado como tal, y que se manifiesta
sintomatológicamente mediante astenia, mental y psíquica,
fatigabilidad fácil, impotencia vital, inquietud e impaciencia,
abulia, falta de motivación, de capacidad de proyectar,
sentimientos de desesperanza, disturbios en el sueño
tanto insomnio como hipersonmia, constante rumiar con
temática de incertidumbre, tendencia de sobreactuar
el temor. Incapacidad de concentración o toma de decisiones,
de mantener la mente en blanco, anhedonía, tendencia
a la somatización, trastornos alimentarios leves, irritabilidad,
tensión muscular, y baja autoestima, como elementos
más frecuentes. También es característico de este cuadro
la necesidad por parte de la persona afectada de expresar
sus sentimientos y temores a otros. Esto lo diferencia
de los otros trastornos de ansiedad en los cuales típicamente
las personas tratan de disimular su padecer. En este
cuadro la persona se siente sometido a la inclemencia
del exterior y pretende verificar si esa sensación es
compartida, de esta forma el factor patógeno, por su
legitimidad se transforma en consensuado.
Esta necesidad de consenso de lo insostenible de la
situación magnifica aún más su efecto sobre la población,
transmitiendo el fenómeno a diferentes capas etareas
como así también a diferentes círculos sociales.
Es decir presenta elementos clínicos específicos como
así también comunes a la Ansiedad Generalizada (GAD),
a los cuadros de Trauma (AED y PTSD), a los trastornos
adaptativos y a la depresión.
Como dijimos antes, a pesar de esta similitud sintomatológica,
no alcanza a completar los criterios clínicos exigidos
por estos. La característica diferencial con los trastornos
de ansiedad, es el desarrollo de mecanismos de defensa
y conductas pseudoadaptativas, pues no lo son en este
caso, no por incapacidad psíquica, sino porque el entorno
no permite ningún tipo de adaptación. No hay ningún
mecanismo que permita, por ejemplo, adaptarse al terrorismo.
Es por ello y esto es fundamental para la conceptualización
del cuadro, entender que aquí la ansiedad no es adaptativa.
Por esta misma razón esto no entra dentro de los criterios
de ninguno de los trastornos adaptativos.
Con respecto a los cuadros traumáticos, una diferencia
debe ser establecida. El elemento nuclear es que el
factor disruptivo no es preciso, ni detectable, a diferencia
del factor disruptivo traumatogénico, según la terminología
utilizada en el estrés, ansiedad o trauma, postulado
por el DSM.
En cualquier momento una calle de paseo se transforma
en una arena ensangrentada por el delito, una carta
se transforma en un medio de transmisión de gérmenes
infecciosos, o un ómnibus vuela por un terrorista suicida,
un exitoso gerente de un dia para otro queda sin trabajo
por cambios empresariales quedando fuera del mercado
laboral, un empresario se ve ante el derrumbe de su
fábrica por cambios en la economía globalizada. Ya no
es un elemento de baja o alta intensidad, sino es difuso,
y consensuado por el entorno. Es decir ya no es preciso,
ajeno, externo, y delimitado en el tiempo, sino que
es difuso, y presente hasta ser parte de la cotidianeidad,
con lo cual pierde la posibilidad aún más de generar
defensas adecuadas (Cf. el ejemplo clásico de Selye
de agresión y huida frente al elemento determinante
agresor). Ya no existen lugares seguros.
Tanto en los trastornos distímicos como en los trastornos
por ansiedad, los síntomas secundariamente producen
disfunción en las áreas social, laboral, etc., mientras
que en la ansiedad por disrupción, la distorsión del
entorno, el deterioro social y laboral, es el causante
de la sintomatología.
En referencia a la somatización, se distingue por el
hecho que el paciente no presenta preocupación exagerada
por su sintomatología física. Es símil al trastorno
somatoforme en que la aparición del síntoma somático
produce una sensación de alivio ante la amenaza. Ante
la disrupción del entorno en el psiquismo del individuo,
es el cuerpo el que perdura como factor que da sentido
de continuidad, ante un entorno imprevisible. Lo somático
se convierte en receptor de ansiedades no procesables
psíquicamente, como así también de medio de expresión
de la indecible.
Otra característica diferencial del SAD es que tanto
terapeuta como paciente se encuentran bajo la misma
amenaza, siendo más compleja de esta forma, la posibilidad
de detección de la problemática y su abordaje terapéutico.
Es preciso que el terapeuta pueda desarrollar mecanismos
adecuados que permitan un distanciamiento relativo de
lo vivido sin perder el contacto y la relación con lo
que acaece.
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Conclusiones
Estas coincidencias
y diferencias establecen consecuencias inmediatas de
trabajo. Como ejemplo de esto es la implicancia de trabajo
en el área pericial, hecho que cobra la mayor importancia
por ser el PTSD un elemento frecuente en las indemnizaciones,
actualmente.
Por otro lado las diferencias mencionadas necesitan
de nuevos instrumentos diagnósticos, como escalas y
cuestionarios estandarizados adecuados, los cuales están
siendo desarrollados actualmente.
En relación a esta sintomatología y características
también un abordaje terapéutico específico, debe ser
desarrollado e implementado. La necesidad de establecer
un modelo psicoterapéutico, en el cual se articulen
factores y elementos del entorno, ya que será necesario
su aporte e integración en la superación y afrontamiento
acorde del factor disruptivo. la función no es en los
marcos tradicionales sino abordando los mismos medios
desde donde la patología resuena , medios de comunicación,
rumores, comentarios etc., Es de esta forma que entendemos
la intervención preventiva.
Asimismo y teniendo en cuenta todos los desarrollos
actuales en la neurofisiología de los sistemas de alarma,
es dable esperar que la investigación psicofarmacológica
de una respuesta adecuada al sufrimiento de estas personas.
Debemos tener en cuenta que este cuadro se va a llevar
a consulta al médico generalista y es importante el
reconocimiento precoz y adecuado. Afecta por otra parte
a un número considerable de la población, lo que requeriría
estudios epidemiológicos adecuados.
Creemos que la categorización de este cuadro es de sumo
interés ya que se trata de una entidad en la que se
integran concepciones neurobiológicas, psicodinámicas
y farmacológicas, siendo el entorno el origen de la
patología.
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