| Este
artículo es reimpreso con permiso de la Academia Norteamericana
de
Psiquiatría de Niños y Adolescentes (AACAP).
Apareció originalmente en “AACAP News”
en su edición de Octubre de 2003.
Conductas de
género variantes en la infancia: un nuevo paradigma
clínico
Dr. Edgardo Menvielle
Psiquiatra Infantil (Ref.)
En el curso de los últimos años el Dr.
Menvielle ha desarrollado un programa clínico y de
investigación enfocado en los niños con conductas
de género variantes y sus familias, un asunto sobre
el cual se cuentan con muy pocos datos y con escasos modelos
que sirvan para guiar la evaluación e intervención
psiquiátricas. El Dr. Menvielle recientemente envió
copias de su Guía para Padres a los editores de la
publicación “Noticias de la Academia Norteamericana
de Psiquiatría Infantojuvenil” (AACAP News) y
ofreció escribir un artículo sobre este importante
tópico. Dado que el riesgo de depresión y suicidio
está substancialmente elevado en los adolescentes con
conductas de género variantes, y dada la importancia
de intervenir tempranamente en la infancia para prevenir problemas
psiquiátricos secundarios, pensamos que nuestros lectores
hallarían el artículo del Dr. Menvielle muy
informativo. Diane K. Shrier, M.D., Editora Asociada del AACAP
News
Tipicalidad y variación en las conductas de
género
Lo que se considera conductas típicas de género,
y el grado de expectativa social de adherencia a un patrón
convencional de género, evolucionan con el correr del
tiempo. Probablemente en ningún otro periodo en la
historia se ha visto un cambio tan rápido en los roles
de los géneros masculino y femenino como el producido
en la segunda mitad del siglo veinte. Junto con la revolución
sexual, la liberación de la mujer, y los movimientos
sociales de reconocimiento y apoyo a las minorías sexuales,
muchas de las concepciones viejas sobre cómo se supone
que hombres y mujeres se comporten respectivamente han sido
cuestionadas y rechazadas por algunos. Esta transformación
de la manera en que concebimos los roles de cada género,
moviéndonos hacia una mayor flexibilidad e ínter
cambiabilidad de los roles, se ve en la manera en cómo
hoy muchos padres de familia crían a sus hijos. Cada
vez más, los padres tratan de transmitir valores como
la igualdad de los géneros, y minimizan las diferencias
que tradicionalmente se han marcado entre los géneros.
Por ejemplo, en el caso de los niños varones los padres
pueden buscar alentar un modelo masculino más abierto
a lo afectivo, desalentar modelos agresivos y altamente competitivos,
y limitar el acceso a armas de juguete y juegos de violencia.
Mientras que tratándose de niñas, los padres
pueden alentar la competencia en deportes tradicionalmente
masculinos y profesiones que hasta hace poco eran consideradas
territorio exclusivo del hombre. A pesar de esforzarse en
transmitir valores más neutros en lo que respecta a
los géneros, los padres de familia que se proponen
que sus hijos sean más abiertos y flexibles, con frecuencia
se quejan que sus buenas intenciones tienen un alcance limitado.
Juan de siete años, por ejemplo, se niega activamente
a participar en cualquier juego que involucre juguetes “de
nena”, mientras que Laurita, también de siete
años, tiene pasión por dibujar corazones, arco-iris
y mariposas y, si fuera por ella, solo se vestiría
con ropa rosada. En forma paralela, niños que varían
en sus comportamientos de género muchas veces demuestran
una atracción intensa hacia lo típico del otro
sexo, y una total indiferencia, o incluso aversión
hacia los intereses más típicos de su género
biológico. Jaime desea de todo corazón recibir
una muñeca BarbieMR para su cumpleaños de cinco
y no quiere saber nada con juegos de pelota e incluso evita
a otros niños varones. Marcela de la misma edad, que
solo viste de pantalones, se indigna cuando la mamá
le pide que se ponga un vestidito para ir a un casamiento
y sueña con ser capitán de un equipo de fútbol.
Los niños que varían en sus conductas de género
se caracterizan por comportamientos intensos y persistentes
(apariencia, gestos y manierismos, intereses, compañeros
de juego) que típicamente se asocian con el otro género.
Al mismo tiempo, evitan o rechazan los comportamientos considerados
típicos de su sexo biológico. Las “causas”
precisas de estas variantes, todavía no se conocen,
pero en general parecería que todos los niños
están programados para un cierto rol de género.
La mayoría de los niños están programados
para adoptar intereses típicos de su sexo biológico,
pero un grupo más pequeño, gravitan hacia intereses
que, al menos superficialmente, se asocian con otro sexo.
El gravitar hacia un rol atípico no constituye un fenómeno
reactivo, a un trauma por ejemplo. En la gravitación
hacia tanto los roles típicos como atípicos,
el factor biológico parecería desempeñar
un papel esencial. Es claro que los padres de familia pueden
tanto transmitir valores como el respeto, como enseñar
que los mismos principios de igualdad y justicia se aplican
a las personas cualquiera sea su género. Pero, es muy
limitada, o quizá ninguna, su habilidad para influenciar
las estructuras psicológicas que definen con qué
aspectos de cada género el niño o la niña
se identifica. Dichas estructuras psicológicas medulares
(identidad, atracción sexual) probablemente son inmutables,
o por lo menos no se transforman por presiones externas (recompensas,
persuasión, o amenazas) ni internas (estigma internalizado).
Existe evidencia de que la psicoterapia no cambia el rumbo
de la orientación sexual. La evidencia hoy disponible
sugiere que, por lo menos en el caso de los varones, los comportamientos
de género variantes se asocian con una orientación
homosexual en la adolescencia y adultez y con bastante menos
frecuencia con transexualidad o transgenerismo (Green, 1987).
Como sobre las niñas se ha generado menos material
científico, no está claro hasta que punto la
atipicalidad de género en la niña se correlaciona
con la orientación sexual y la identidad de género
en la mujer. Dado que la homosexualidad, la heterosexualidad
y otras variantes de la orientación sexual e identidades
de género son variaciones dentro del espectro normal,
es decir son expresiones de la diversidad sexual de la especie
humana, sería ilógico considerar patológicas
a las conductas variantes de género en la infancia.
“Caminando con los zapatos” (es decir,
tratando de entender su vivencia desde adentro) del niño
con género variante
Dentro de la estructura categórica del Manual de
Diagnóstico y Estadísticas (DSM), la variación
de género es llamada Trastorno de Identidad de Género,
un diagnóstico el cual otros y yo consideramos no justificable
en la mayoría de los niños con conductas de
género no convencionales. La variación de comportamientos
de género no necesariamente afecta el funcionamiento
general del niño, y el sufrimiento asociado con esta
condición es el resultado de la perniciosa crueldad
del estigma social que acarrea rechazo y aislamiento. El estigma
impuesto por las fuerzas sociales comunica al niño
que “no eres uno de nosotros”. En vez de concebir
a estos niños como enfermos, debemos concebirlos como
un grupo en riesgo. Los niños varones quizá
tengan un riesgo relativamente más alto, porque los
varones con características femeninas son estigmatizados
más. Algunos niños varones pueden tener otro
factor de riesgo adicional al estar temperamentalmente predispuestos
a ser inhibidos y ansiosos, lo que complica aún mas
la posibilidad de desarrollar amistades. Por lo tanto, el
psiquiatra y el psicoterapeuta infantil tienen la posibilidad
de administrar intervenciones que son preventivas y terapéuticas
en varios niveles sin necesidad de implicar que el niño
está enfermo. Las conductas masculinas en la niña,
tienden a ser socialmente más aceptables y por lo tanto
las niñas tienden a ser estigmatizadas en un grado
menor.
El medio ambiente social contribuye a la vulnerabilidad de
estos niños de varias maneras. Primero, los padres,
hermanos, abuelos y otros que funcionan como fuentes primarias
de validación del self en los primeros años
de la vida, pueden reflejar una imagen nada positiva. Los
padres en un principio pueden ser incapaces de aceptar la
diferencia del niño real con respecto al ideal imaginado.
Aún así cuando el padre / madre aceptan la obvia
inmutabilidad de la variante de conductas de género
del niño, las actitudes de desaprobación abierta
o encubierta pueden persistir por largo tiempo en uno de ellos
o en ambos. Segundo, cuando el niño entra en la escuela
o la guardería, comienza a recibir un tratamiento hostil
que incluye la burla, el ridículo y la exclusión
social. Algunos niños hacen un esfuerzo consciente
y deliberado para presentarse ante el mundo de la manera que
se supone deben ser “los verdaderos varones y las verdaderas
nenas” y algunos lo logran. Esta forma de autocensura,
aunque útil para sobrevivir en sociedad, no rescata
al niño del estigma internalizado. En realidad refuerza
un sentido profundo de no ser aceptable. Durante la adolescencia,
chicos gay, chicas lesbianas, chicos y chicas bisexuales y
transexuales, y aquellos que están cuestionando su
sexualidad, corren riesgos de problemas de salud y salud mental
incluyendo suicidio, abuso de sustancias y actividades sexuales
peligrosas. Una gran parte de estos eventos adversos puede
ser atribuida, al menos en teoría, a una autoestima
golpeada o dañada. Aunque es durante la adolescencia
cuando comportamientos de riesgo aumentan en forma substancial,
el profundo desasosiego empieza mucho antes, en la infancia.
Un resentimiento y enojo profundos constituyen otro obstáculo
para poder sentirse bien y llevarse bien con otros para algunos
de estos niños. A pesar de todos estos factores que
atentan contra el desarrollo saludable de la autoestima, la
resiliencia con que cuentan la mayoría de los niños
con comportamientos de género variantes es indudable.
Uno no puede dejar de maravillarse por lo bien que muchos
de estos niños funcionan a larga, considerando el injusto
maltrato a que se los somete.
Caminando en los zapatos de los padres de niños
con comportamientos de género variantes
El papel que desempeñan los padres y madres en el
desarrollo psicológico de los niños, implica
un gran poder, el que puede ser tanto beneficioso como perjudicial.
Aunque espectro de actitudes de los padres y madres va desde
las muy positivas a las muy negativas, a nosotros como terapeutas
nos conciernen las influencias negativas. La mayor parte de
las injurias emocionales que los padres infligen son cometidas
con buenas intenciones. Los padres pueden no reconocer que
sus acciones diseñadas para “desalentar conductas
de género variantes”, exigen del niño
un cambio que, desde el punto de vista del niño, es
imposible. Hay varias fuerzas que motivan la incapacidad en
los padres de aceptar y apoyar al niño, incluyendo
una disonancia cognoscitiva la que lleva a asumir de forma
incorrecta que los comportamientos de género variantes
están bajo control voluntario. La presión social,
creencias culturales y religiosas, temor a lo desconocido,
y la ausencia de referencias normativas son otras fuerzas
que conspiran en favor del rechazo. El término “disonancia
cognoscitiva”se refiere a "…inconsistencias
entre creencias relacionadas…. lo que motivan a hacer
lo que sea necesario y más fácil, para restituir
la consistencia cognoscitiva, es decir reestablecer coherencia
entre las diferentes ideas y creencias” (Jones y Gerard,
1967). Los padres que confrontan la realidad de un hijo con
conductas de género variantes, a veces experimentan
confusión, refiriéndose a su realidad vivida
con términos como “increíble”; “nunca
nos imaginamos que esto fuera posible”. Esta realidad
puede ser vivida por el padre o madre como incompatibles con
sus experiencias y expectativas fundamentales. Aún
cuando están conscientes de que estas cosas suceden,
los padres comúnmente tienen la sensación de
que “estas cosas les pasan a otra gente”, es decir
no se sienten preparados para asumir esta realidad personal.
Otra perspectiva en este mismo fenómeno es el concepto
de pérdida y duelo: la pérdida del niño
idealizado conlleva un proceso puntuado por estados emocionales
dispares (por ejemplo, shock, enojo, negación, regateo)
que eventualmente se resolverían a través de
la aceptación y la integración emocional. Las
presiones sociales, culturales y religiosas son obvias y no
requieren explicación. A pesar del cambio gradual de
la sociedad hacia una mayor aceptación de la homosexualidad,
una aceptación generalizada de la diversidad sexual
es una ideal lejano en muchos sectores sociales.
El temer un futuro desconocido (“¿Qué
orientación sexual tendrá mi hijo?” “¿Formará
pareja, será feliz?”) es esperable y se debe
a la ausencia de referencias normativas. Muchos padres heterosexuales
nunca han tenido contacto con la vida real de personas homosexuales
y solo basan sus creencias en lo imaginado y la mitología
social. Las fuentes de información usuales para aprender
sobre el desarrollo de los niños y el rol de los padres
(abuelos, parientes, amigos) no están capacitadas para
proveer información válida con respecto al desarrollo
de niños con comportamientos de género variantes,
ya que estas personas también carecen de experiencia
válida y son sujetos a los mismos prejuicios y distorsiones.
Otra fuente usual de consulta, el experto profesional (por
ejemplo, el pediatra, y los profesionales de salud mental
infantil), frecuentemente carecen de conocimientos adecuados
y pueden tener una concepción sesgada que sostiene
que solo la tipicalidad de género y la heterosexualidad
son normales, mientras que otras alternativas representan
estados patológicos.
Un modelo de intervención centrado en la familia
Los padres y madres que solicitan nuestra guía se
acercan con diversas inquietudes. Lógicamente, muchos
padres se sienten ambivalentes, algunos casi paralizados.
Por una parte, su instinto les indica que su hijo o hija,
a pesar de ser diferente de otros chicos, no padece de un
trastorno mental. Pero, al mismo tiempo, llevan la carga del
estigma internalizado y del temor que su hijo o hija sea gay
o lesbiana. Algunos padres se acercan con el objetivo de que
el niño sea cambiado en su forma de ser, para convertirse
en un niño con género típico, y la posibilidad
de un hijo gay es para ellos inaceptable. Cada vez más
vemos padres que con un modelo implícito consideran
las conductas de género variantes no como enfermedad
o trastorno, y lo que buscan es una guía para poder
navegar las hostilidades sociales. No proponen “Qué
se debe hacer para que mi hijo o hija sea como yo quiera”;
la propuesta es “¿Qué puedo hacer yo para
realmente poder entender a mi hijo o hija y para ayudarle
a navegar las aguas peligrosas del estigma y el prejuicio?
Los padres que han evolucionado aún más llegan
a una propuesta de extender su ayuda a otros: “¿Que
puedo hacer yo para contribuir a que la sociedad cambie para
que sea más tolerante con chicos como mi hijo o hija?”
A pesar de sus buenas intenciones, casi todos los padres sienten
que carecen de una “hoja de ruta” que les permita
navegar el escabroso rumbo de criar al niño en una
forma afirmativa* y guiarle para que se pueda proteger de
la crueldad y violencia. ¿Qué mejor manera de
aprender, que aprender de otros padres que ya han hecho el
camino? ¿Qué mejor manera de aprender que haciendo
provecho de los descubrimientos y errores de los otros?
En el año 1999 Catherine Tuerk, colega psicoterapeuta,
y yo fundamos un grupo de apoyo y ayuda mutua para padres
de niños con conductas de género variantes en
el área de Washington, DC. Inicialmente contando con
solo dos familias, el grupo se ha reunido mensualmente en
forma ininterrumpida durante los últimos cinco años.
Hoy contamos con más de veinte familias que participan
en el programa. Algunas familias no son de la zona pero acceden
al intercambio de experiencias e ideas a través de
un grupo electrónico en la red (list-serve). En este
momento hay varios grupos en formación en otros estados
de los EE.UU. basados en nuestro modelo. Un grupo para los
niños, que opera en forma simultánea, fue formado
a pedido de los padres. La guía de padre a padre, el
apoyo emocional y la información que los padres adquieren
en el grupo, contribuyen a que los padres puedan crear un
ambiente familiar que facilita el desarrollo de una autoestima
positiva. Lamentablemente, los padres que buscan una “cura”
no pueden hacer provecho de programas como el nuestro o de
enfoques clínicos basados en principios similares.
Sin embargo, aún en circunstancias difíciles,
como cuando los padres se afierran al imaginario concepto
de cura, el psiquiatra infantil puede jugar un papel esencial.
En el curso de la consulta inicial (con frecuencia perdemos
a los padres que se acercan en busca de una “cura”
y no pueden tolerar una visión alternativa después
de una primera sesión) le comunicamos al niño
o niña que aunque mucha gente no le entienda, él
o ella es perfectamente aceptable y normal. Enfatizamos que
a pesar de lo que la gente dice, en el mundo hay varios tipos
de niños y niñas, con intereses diversos (y
no solo el niño que juega al fútbol, y la niña
que juega con muñecas). Este momento nos brinda una
oportunidad valiosa para hacer comentarios que validan y reflejan
una imagen positiva de normalidad. Esta es a veces la única
oportunidad con la que contamos para hacer un impacto positivo
en la vida de uno de estos niños. A pesar de la brevedad
de la intervención, estas palabras pueden tener un
impacto enorme y duradero en la imaginación de un chico
que solo ha recibido crítica y desprecio. Esta idea
del “poder de uno solo” es uno de los temas en
los que hacemos hincapié cuando damos una charla para
el personal en una escuela o programa comunitario.
A principios del año 2003, publicamos un folleto titulado
“Si usted se preocupa por las conductas de género
de su hijo o hija…: una guía para padres”.
Esta guía esta publicada en castellano y puede ser
descargada de nuestro sitio en la red www.dcchildrens.com/gendervariance.
Para recibir una copia por correo escriba a Edgardo Menvielle,
MD, Department of Psychiatry, Children’s National Medical
Center, 111 Michigan Avenue, NW, Washington, DC 20010, EEUU,
o a pgroup@cnmc.org,
o llame al 1-202-884-2504.
(*) Afirmativa (del inglés affirming): el término
está usado para calificar prácticas que van
más allá de la mera tolerancia, teniendo una
connotación más positiva y celebratoria.
Bibliografía
Green R. "Sissy Boy Syndrome" and the Development
of Homosexuality, 1987, Yale University Press.
Jones and Gerard, Foundations of Social Psychology,1967,
John Wiley and Sons.
Menvielle, E. & Tuerk, C. A support group for parents
of gender non-conforming boys. Journal of the American
Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 41(8),
August 2002:1010-13
Menvielle, E. Letter to the Editor: Gender Identity Disorder. Journal of
the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry.
37(3), March 1998:243-244.
Dr. Edgardo Menvielle
Psiquiatra Infantil - Profesor Asistente de Psiquiatría
y Ciencias de la Conducta, The George Washington University
Medical Center y Médico Psiquiatra del Children’s
National Medical Center, en Washington, D.C., EE.UU.
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