Los comportamientos compulsivos: La adicción al sexo
No puedo parar!!
Claves: Sexólicos-control de los impulsos
“Tengo una energía, algo adentro, que no se, lo que quieras, pero la tengo que sacar de alguna manera”
Quien me dice esto es O. un profesional, joven, inteligente, sin apremios económicos, exitoso en los proyectos que emprende, y con muy buen contacto social. La energía de la que habla es sexual, y no puede dejar de pensar en las más diversas situaciones en escenarios en las que “saldría”, y en algunos casos, los concreta.
¿Cuál puede ser el problema de un adulto joven que tenga vida sexual activa?
Ninguno excepto que al igual que otros comportamientos que sugieren un trastorno en el control de los impulsos, como ser la compra compulsiva, el juego patológico, la adicción a internet, u otros, comienzan a pasar a una franja, en la que el componente de placer es tapado por los problemas, las dificultades que acarrea.
En algunos casos esas fantasías son “normales”, para él, en otros, entran en un terreno que lo preocupan ya que su mente es invadida por ideas que no cree propias. Piensa, ve, imagina, escenarios que no le son propios, como puede el querer eso? La peor pregunta, será el eso?
La conducta de exploración o de búsqueda del placer comienza, al igual que en las adicciones a fármacos, a dar paso a inconvenientes, primero aparentemente menores que la persona tiende a restarle importancia en algunos caso sentirse orgulloso, por ejemplo problemas con su pareja, hasta llegar a extremos en que la obsesión puede estar ya dentro del terreno de lo delictivo.
Existe la más alta variedad de grados en estas conductas en la cual el eje es la imposibilidad de controlar un pensamiento o en la mayor parte de las veces, un comportamiento. En algunos caso estos comportamientos solo consumen tiempo … y dinero, por ejemplo la busca obsesiva de material por internet, entrar a páginas durante horas, y más allá comenzar a pagar por servicios, electrónicos o de comunicación hoy, los códigos por celulares, y la realidad aparece al momento de llegar la cuenta de internet, la tarjeta o el celular.
Sin embargo en algunos casos, ese conflicto interno, mal controlado, pero de alguna manera a salir de su cauce, y muy rápidamente comienza un efecto domino. Conflictos interpersonales, con la pareja, con amigos, menor vida social, o laborales, económicos, y si tiene suerte, en este momento el problema se le manifiesta en su realidad y busca ayuda.
Si por alguna razón su sistema de defensas, por ejemplo negando el caso, o restándole importancia, funciona, el problema sigue profundizándose, y da paso a conductas más arriesgadas, y peligrosas.
En estos casos a veces se pone en peligro real e irrecuperable en muchos casos a la estabilidad de su vida “oficial”, ya que como todo comportamiento adictivo en principio es secreto, oculto. Esta vida oficial comprende familia y trabajo que comienzan ya a no poder sostener, lo que en alguna medida aparecían como comportamientos aislados y hasta inocentes.
En algunas personas, el comportamiento se da en el contexto de otra enfermedad o estructura de personalidad, de la cual debe ser diferenciado y que de no ser tratada y especialmente entendida como tal, lleva a evoluciones negativas.
Las personas que usualmente vienen a la consulta manifiestan al momento de hacerlo preocupación, y la sensación de no poder enfrentarse a algo que ya a esa altura los hace sufrir. En muchos cuadros encontramos cuadros de ansiedad, trastornos obsesivos, depresión o alguna dificultad en la esfera sexual asociada.
Sin embargo hay otros casos en los cuales el comportamiento ya ha avanzado a límites perversos en los cuales no hay podido limitar esos comportamientos y los mismos adquieren por su cualidad o por su intensidad una característica de dificultad mayor. Allí entra el gran capítulo de las perversiones sexuales en el cual la búsqueda de placer sin importar los límites por omentos se le impone. Allí encontramos conductas exhibicionistas o de violencia o crueldad en la esfera sexual, o de atracción por menores por ejemplo.
Algunos de estos casos y son los menos pero quizás los que más sobresalen a nivel mediático son aquellos que no reparan en límites o manifiestan poca empatía (contacto con las emociones del otro). Así el sufrimiento de los demás no es percibido solo la búsqueda o no del placer. En algunos caos esta puede ser una conducta duradera o esporádica, y en los períodos intermedios mediada con sentimientos de culpa.
En casos extremos el sufrimiento de los demás u otro tipo de comportamientos desplazan ya el cuadro a la esfera de la psiquiatría forense. Conducta de abuso o de violencia de todo tipo o de robo asociada a la búsqueda de la satisfacción de sus pulsiones no son infrecuentes.
Estos cuadros que en mucho caso pasan de la conducta del vivo a la del delincuente sin paradas intermedias, hoy tiene una visión muy diferente. Las clasificaciones y tratamientos tradicionales ofrecían dos caminos o la banalización, el restarle importancia o el castigo y la caída, en muchos casos con consecuencias económicas y legales. Sabemos hoy como funciona el cerebro de un adicto o de alguien con dificultad en controlar sus impulsos y en lugar de protegerlo o castigarlo, podemos ayudarlo. Sabemos cómo son los circuitos del sistema nervioso que tienen que ver con el placer, la retribución y el control de los comportamientos.
Eso lleva a una diversidad de tratamientos, que han sido extensamente probados, en los cuales el primer paso es la diferenciación del cuadro, el diagnóstico, y luego la instauración de un tratamiento que en la mayoría de las veces incluye breves intervenciones farmacológicas, que tienden a disminuir dramáticamente la duración del tratamiento psicoterapéutico que sigue siendo el centro del tratamiento.
En nuestra experiencia así como los estudios estandarizados en todo el mundo el abordaje del complejo, ideas, emociones y comportamiento que se da mediante las terapias cognitivo comportamentales, ha sido altamente eficaz.
Los inconvenientes habituales aparecen por poca adherencia al tratamiento, por abandonos precoces cuando todo parece funcionar bien, y el éxito en muchos casos va asociado a poder hacer participar a su núcleo familiar de la salida de este fenómeno que puede transformarse en un verdadero infierno.















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