Desde hace ya unos años se ha instalado una campaña extremadamente eficaz a nivel publicitario, y es la del consumo de productos con el bacilo L- Caseii.
Surgió como un medicamento para esas pocas personas que no lo elaboraban, pero ese universo era tan pequeño que el medicamento resultó no rentable; para hacerlo rentable se vendió su patente a empresas alimenticias.
Han logrado en la práctica que la gente interprete la ingesta diaria como sinómino de salud. De alguna manera han logrado que la gente se automedique. Todo esto no sería menor si no hubiera sido apoyado fuertemente por médicos de los más diversos sectores, pero de antecedentes profesionales poco conocidos (es cierto que los ministros de salud en nuestro país tampoco son sanitaristas, pero eso parece ser importante).
En la práctica la empresa Láctea ha logrado una estrategia comercial exitosa sobre la base de un principio de la psicosomática que existe desde el comienzo de la humanidad, el efecto placebo, la sugestión.
Sin embargo el otro problema independientemente de hacer gastar su dinero, en general a personas de la tercera edad que carecen de él, son inocuos los productos con l- caseii?
La respuesta parece ser que no, y aquí al mismo tiempo se han ocupado otras estructuras políticas, pero parece no han sido lo suficientemente poderosas.
La Secretaría de Salud obligó a ACTIMEL (La Serenísima) a indicar en su publicidad que el producto no debe consumirse por un tiempo prolongado; y cumplieron, pero en una forma tan sutil que ningún consumidor lo percibe (p.ej. ‘desafío actimel: consúmalo durante 14 días‘ o ‘haga de agosto su actimel’).
Hay un proyecto de ley (Link proyecto de ley) del diputado nacional RAUL PATRICIO SOLANAS (PJ – Entre Ríos) en la página de la Cámara de Diputados de la Nación
Link de actimel