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Miedo al 13, a las arañas y a las buenas noticias: ¿qué más hay en el extraño mundo de las fobias? PDF Imprimir E-mail

22 de noviembre de 2004
CLARIN | Salud | Nota

Miedo al 13, a las arañas y a las buenas noticias: ¿qué más hay en el extraño mundo de las fobias?


Existen cientos de temores reconocidos. La cifra podría ser infinita porque se puede tener fobia a cualquier cosa. Se trata de un miedo persistente e irracional a un objeto, animal, actividad o situación particular. Afecta hasta a un 10 por ciento de la población.

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Mariana Nisebe. De la Redacción de Clarín.com

La ablutofobia es el temor a lavarse o bañarse; la chaetofobia, al pelo; la eufobia, a las buenas noticias; y la xyrophobia a las máquinas de afeitar. Una fobia es el miedo persistente e irracional a un objeto, un animal, una actividad o a una situación particular. Reconocidas hay 248, pero “por definición pueden existir tantas como objetos, personas o situaciones existan” explicó a Clarín.com el doctor Enrique De Rosa, director del Centro de Estudios y Terapias Cognitivas PsyGnos. Según la terapeuta cognitiva Lilian Banderas, “algunas son evolutivas y otras adaptativas luego de una situación traumática (como el atentado a la Amia), pero el mecanismo de formación es el mismo: se desplaza a un objeto o situación, un sentimiento de temor”.

Entonces, ¿qué distingue a un miedo de una fobia?. El miedo, aclara Banderas, es un sentimiento que surge luego de una evaluación intelectual. El ser humano examina una situación y mide el grado de peligro. Si considera que sus capacidades no son suficientes para enfrentar dicho peligro surge el sentimiento de miedo y aparecen mecanismos y comportamientos de supervivencia. Ataca, se queda paralizado o huye. Las fobias, en cambio, “nacen por una evaluación incorrecta de peligro, en una situación no riesgosa para la persona” destaca la profesional. Es decir que el ser humano puede “generar estos peligros con su mente”, agregó la Lic. Silvana Santoro del Centro de Psicología Clínica Buenos Aires.

Actualmente, continuó la licenciada Santoro, los trastornos fóbicos se dividen en tres tipos: fobias específicas (miedo a algo en particular) que suelen desarrollarse sobre la base de miedos infantiles; las sociales (miedo a estar en lugares públicos, asistir a reuniones o interactuar con otros) que generalmente aparecen en la adolescencia y la Agorafobia (miedo a salir) generándose en la entrada a la adultez joven. Cualquier humano, animal, vegetal, ser sobrenatural, elemento inanimado e incluso una idea, pueden convertirse en el objeto que atemoriza. Entre los temores más comunes, está el que se tiene a los animales (zoofobia), a la sangre (hematofobia) y a las alturas (aerofobia). Pero algunas de ellas son más comunes que otras.

Según el Portal de la Fobia Social, existe, por ejemplo, el miedo a la picazón (carofobia), a los colores (cromofobia), a los espejos (eisoptrofobia), al número trece (tredecafobia) y a vestirse (vestifobia), entre otros. De todos modos, aclaró Banderas, lo importante es el grado de inhabilitación de la persona. “El deterioro de la vida social, familiar o laboral es lo que determina la gravedad del cuadro. En los casos más difíciles, las personas no salen de un determinado lugar de por vida por temor a encontrarse con el objeto temido”, destacó. Las personas que sufren de fobias específicas a menudo reconocen que su miedo es irracional pero son incapaces de evitarlo. Este trastorno es uno de los más comunes dentro de la psiquiatría y afecta hasta a un 10% de la población.

La ansiedad producida por las fobias se caracteriza por síntomas fisiológicos ante el objeto o situación temida, tales como aceleración de los latidos cardíacos, sudación, dificultad para respirar y temblores. Por lo general, la fobia se inicia a partir de un episodio traumático único que trae como consecuencia que el paciente evite pensar en esa circunstancia y se muestre incapaz de discutir el hecho con otras personas. La mala experiencia es removida de la mente por un “olvido protector”, pero cuando un episodio similar se presenta se desencadena el cuadro fóbico que, remarcó Banderas, “hoy se denominan Trastornos de ansiedad”.

“Tuve una paciente con fobia a las arañas, y se quedaba paralizada aún mirando una fotocopia de una foto de una araña” contó la Licenciada Silvia Di Biasi, de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. Un tratamiento efectivo generalmente involucra las siguientes formas de psicoterapia: Terapia Cognitiva, Desensibilización Sistemática y Terapia de Exposición, en la cual los pacientes se exponen gradualmente a lo que los asusta hasta que el miedo comienza a desaparecer. La Organización Mundial de la Salud señala que la medicación no tiene generalmente un papel vital en el tratamiento aunque el médico puede aconsejarla para controlar la ansiedad.

En general, los especialistas coinciden: la mejor manera de superar los miedos es enfrentándolos directamente. Sin embargo, no todo lo que se teme debe ser superado, al fin y al cabo el sentimiento de miedo es la respuesta de la mente para favorecer la probabilidad de supervivencia. Dicho de otro modo, los miedos son necesarios. Por un lado, explicó la Licenciada Di Biasi, “hay que discriminar la fobia de las obsesiones; por esas personas que dicen que le tienen fobia a la suciedad y se lavan 40 veces las manos. Ahí estamos ante un síntoma obsesivo; por otro, uno puede tener pequeñas fobias que no afecten su vida de relación, social, etc. El problema es cuando invalidan a la persona y no le permiten avanzar, aunque su temor sea tan extraño como el miedo a bañarse o al número trece

 

http://old.clarin.com/diario/2004/11/22/conexiones/t-873190.htm
CLARIN | 22.11.2004

 

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